Cruzada Cruzada y Revolución: 3. Fases de la Guerra

Todo conflicto bélico, a menos que sea muy breve, discurre a lo largo de etapas que pueden diferenciarse. Es el caso de la Guerra Civil Española, que transcurrió a lo largo de casi tres años y que a su duración añade algunas circunstancias particulares que la distinguen de otras guerras.

Fue un golpe de Estado fallido el que dio lugar a la conflagración. Parte del Ejército, con el apoyo de civiles derechistas, se sublevó en el protectorado español de Marruecos el 17 de julio de 1936, trasladándose la rebelión contra el Gobierno a la Península, Canarias y Baleares al día siguiente.

La sublevación triunfó en un tercio de España, pero por diversas circunstancias fracasó en el resto. Provocó el estallido de un movimiento revolucionario de los partidos y sindicatos de izquierdas, que restó poder al Gobierno y le impidió responder con eficacia la rebelión. Los militares sublevados establecieron la ley marcial en su territorio y no permitieron que nada ni nadie quedara fuera de su control.

FASE DE GUERRA DE COLUMNAS (agosto de 1936 a febrero de 1937)

Los primeros meses reflejaron lo inesperado del inicio de una guerra para la que nadie estaba preparado. La línea de frente era muy extensa y estaba guarnecida por muy pocos combatientes.

El Ejército había quedado dividido entre ambos bandos, aunque casi todas las tropas fueron licenciadas en la zona leal al Gobierno, entregándose sus armas a las milicias izquierdistas. Las fuerzas de orden público también quedaron repartidas. Varios miles de voluntarios se alistaron, pero el grueso de la población permaneció al margen hasta que más adelante se produjo la movilización forzosa.

Tras los primeros días de combates, se establecieron unas líneas de frente precarias, sin que ningún bando pareciera capaz de derrotar al otro. Los sublevados contaban con el Ejército de África para desequilibrar la balanza, pero el estrecho de Gibraltar estaba bajo control republicano. Un puente aéreo trasladó las unidades del protectorado a la Península y a comienzos de agosto las primeras columnas partieron de Sevilla. La columna era un tipo de unidad propia de la guerra colonial, pequeña, ágil y adecuada para enfrentarse a un enemigo irregular o mal organizado.

La primera fase de la guerra se caracterizó por la improvisación y la pobreza de medios. Los sublevados intentaron conquistar la capital, pensando que podría ser un golpe decisivo, pero Madrid resistió.

Temerosas de que el conflicto español se extendiera, las potencias europeas firmaron el Pacto de No Intervención, que resultó ser una farsa. Pronto ambos contendientes recibirían abundante material militar. La Unión Soviética fue el gran suministrador de la República, mientras Italia y Alemania ayudaban a los sublevados, que entregaron el mando único al general Franco.

FASE DE MOVILIZACIÓN (marzo de 1937 a febrero de 1938)

En la primavera de 1937, finalizadas las batallas por Madrid y conscientes de que la guerra iba para largo, las dos Españas aceleraron la movilización de todos sus recursos humanos y económicos. Mediante la llamada a filas de sucesivas quintas, los ejércitos Republicano y Nacional llegarían a poner en armas a más de un millón de hombres cada uno.

Franco conservó la iniciativa estratégica, mientras el Alto Mando republicano intentaba resistir y lanzaba contragolpes que buscaban frenar o al menos ralentizar el avance enemigo: Brunete, Belchite, Teruel…

La campaña clave de esta fase fue la del Frente Norte, que había quedado separado de la zona principal republicana desde el inicio de la guerra. Con su caída en manos de los franquistas en octubre de 1937, el equilibrio se rompió definitivamente a favor de Franco.

FASE DE GUERRA DE EJÉRCITOS (marzo de 1938 a abril de 1939)

Desaparecido el Frente Norte y tras la batalla de Teruel, la mayor hasta ese momento, la guerra entró en su última etapa. Los nacionales tenían mayor empuje y superioridad material. Los republicanos, aunque parejos en número, habían sufrido duras derrotas, empezaban a estar bajos de moral y el Ejército Popular tenía carencias de armamento y formación. No obstante, durante un año aún plantaría cara a los franquistas, que iban a pagar caro cada avance.

Además de al plano militar, los contendientes pusieron atención a los acontecimientos europeos, donde las tensiones crecientes entre fascismo, democracias y comunismo anunciaban una guerra inminente, que podría alterar por completo el panorama español.

Fueron meses de duras campañas: Aragón, Maestrazgo, el Ebro, Cataluña, Peñarroya-Valsequillo… Finalmente, con la República agonizante, el final llegó con un golpe contra el Gobierno por parte de los partidarios de alcanzar una paz negociada. Franco sólo aceptó la rendición incondicional.

El juego y sus cartas también se dividen en esas tres fases que hemos repasado. De ese modo, los eventos son coherentes y siguen el curso histórico de los acontecimientos. Esto no significa que el juego esté completamente encorsetado o que sea inevitable repetir lo sucedido entre 1936 y 1939. El enfoque de diseño es que el juego fluya por un cauce histórico, sin ofrecer opciones contrafactuales que nunca sucedieron. Pero los jugadores tienen una amplia capacidad de decisión en el plano operacional y estratégico, las cartas llegan en un orden imprevisible y los eventos pueden o no ser jugados.

Las fases del juego permiten reflejar mejor las particularidades del conflicto a lo largo del tiempo y facilitan que los jugadores surquen de forma natural las sucesivas etapas históricas de la guerra.

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